Sigo, sigo en pie de guerra. Esta es ya la quinta publicación y prometo no dejarlo. Eso sí, que nadie espere actualización semanal... básicamente es imposible. En las últimas semanas he observado que gente fuera de mi entorno personal también está leyendo mi blog: viajeros españoles en Letonia y viceversa. Esto supone para mi una responsabilidad adiccional, pues si de verdad puedo servir de referencia para futuros viajeros en este país, me gustaría hacerlo de la mejor manera posible (a pesar de mi notable falta de tiempo). No obstante, me alegro de que toda la gente que ha estado en Riga coincida en que la información que escribo es bien verídica. También agradecer a la gente que me sigue, aunque no “postee” comentarios.
Tras dos meses y medio viviendo en Letonia, Riga se queda pequeño como para seguir contando mucho más. Por supuesto que lo haré, pero a partir de ahora y dado el buen clima que está viniendo, empezaré a recorrer sin parar cada fin de semana diferentes rincones del país o de fuera de él.
Riga, aunque pueda sorprender, es un lugar bastante turístico. Es algo que estoy observando día a día con la llegada progresiva de mas y mas turistas... Letonia no es para nada ese país gris nórdico que los sureños pueden imaginar (tampoco se puede considerar nórdico, sino báltico). Para mi sorpresa, aquí luce casi tanto el sol como en Gijón, por no decir que para mí el clima que está llegando es perfecto: sol en su justa medida y temperaturas suaves. En pocas semanas el cambio ha sido bastante fuerte. Es por eso que gran parte de la gente que conozco, incluido yo, sufrimos el cambio de las temperaturas con horrorosas e interminables gripes que afortunadamente ya se fueron. De la noche a la mañana, el río helado, las abundantes capas de nieve cubriendo las aceras... todo se fue. De este modo y pasada la fea etapa del deshielo, todo luce diferente... basicamente estoy descubriendo una nueva Riga. Pensé que todo era más idílico cubierto de blanco, sin embargo el tiempo no me ha dado la razón. Riga luce muchísimo mejor sin nieve... y especialmente ahora que el verde de los árboles y la hierba empieza a brotar. Los parques empiezan a tomar consistencia y los letones están empezando a plantar flores por doquier. La tradición de las flores en los países bálticos, además de ser una costumbre muy vistosa, es algo que sorprende al viajero. Cada día surgen más y más puestos ambulantes de rosas y amapolas, a parte de los souvenirs (a precio de escándalo a mi entender). También los letones trabajan duramente para preparar las terrazas de verano. En cuestión de días todo se ha llenado de preciosas terrazas en las cafeterías del casco histórico. También parecen estar remodelando y demoliendo algunos edificios viejos, con lo cual entiendo que ante la crisis el gobierno apuesta fuerte por el turismo como vía de escape. Las mismas frías calles que en Enero estaban prácticamente vacías son ahora recorridas por cientos de turistas (o letones que se animan a salir más).
Para el que no lo crea: el sol en Letonia (como decimos en Asturias) también “pica”. Por el día hemos llegado a los 17 grados, mientras que por la noche se pueden alcanzar sin problemas los cero o números negativos. De momento no se puede dejar la cazadora en casa, especialmente si vas a estar mucho tiempo fuera, pues en el momento que el sol se va la bajada es repentina.
Más allá de los templos religiosos, Jelgava es vivienda y algún supermercado aislado, nada más... Resulta sorprendente que una de las ciudades principales del país carezca de tiendas, y en general, ofrezca tan poca posibilidad de ocio. Por el lado positivo, ciudad bien tranquila que puedes visitar de noche sin la menor sensación de peligro (o al menos yo no la tuve). También puedes encontrar precios muy baratos, gente más amable, menor uso del inglés, y pasteles ricos (¡en la gasolinera!). Siempre es un placer conocer lugares no turísticos.
Mención aparte tiene el precio del alcohol en Finlandia: ¡hasta 40 euros por un litro de vodka!, 56 por el champán... El alcohol en Helsinki no se vende en los establecimientos normales, solo hay una cadena que tiene permiso para hacerlo. El gobierno finés no quiere que sus compatriotas se la pasen bebiendo durante los largos y grises inviernos, por eso aplica tasas de lujo para un producto que aun así sigue siendo de gran consumo en el país. El tema del alcoholismo en Finlandia no es algo banal. Los finlandeses reconocen que el otoño es especialmente depresivo, de hecho Finlandia tiene una alta tasa de suicidios. La propia chica finesa que amablemente nos invitó a mí y a diez personas a su casa de verano en las afueras de Helsinki, reconoció que en invierno a veces es reconfortante ver nieve, pues el blanco resplandor proporciona luz en los largos días grises y oscuros...
PD. En proximas publicaciones hablaré del cumpleaños de Levan (con striptease de enfermera rusa incluído, postearé video aún con temor de que me lo censuren), visita a Tallín (Estonia) y la posible visita el próximo fin de semana a la prisión de Karosta (viviendo la experiencia como un preso).
Hasta entonces... Y en espera de más noticias bálticas jugosas, ¡me despido hasta la próxima!.
Hasta entonces... Y en espera de más noticias bálticas jugosas, ¡me despido hasta la próxima!.
VISU LABU !!!