jueves, 29 de abril de 2010

DÍA 5: Más al norte me voy...


¡Hola gente!

Sigo, sigo en pie de guerra. Esta es ya la quinta publicación y prometo no dejarlo. Eso sí, que nadie espere actualización semanal... básicamente es imposible. En las últimas semanas he observado que gente fuera de mi entorno personal también está leyendo mi blog: viajeros españoles en Letonia y viceversa. Esto supone para mi una responsabilidad adiccional, pues si de verdad puedo servir de referencia para futuros viajeros en este país, me gustaría hacerlo de la mejor manera posible (a pesar de mi notable falta de tiempo). No obstante, me alegro de que toda la gente que ha estado en Riga coincida en que la información que escribo es bien verídica. También agradecer a la gente que me sigue, aunque no “postee” comentarios.

Tras dos meses y medio viviendo en Letonia, Riga se queda pequeño como para seguir contando mucho más. Por supuesto que lo haré, pero a partir de ahora y dado el buen clima que está viniendo, empezaré a recorrer sin parar cada fin de semana diferentes rincones del país o de fuera de él.


Riga, aunque pueda sorprender, es un lugar bastante turístico. Es algo que estoy observando día a día con la llegada progresiva de mas y mas turistas... Letonia no es para nada ese país gris nórdico que los sureños pueden imaginar (tampoco se puede considerar nórdico, sino báltico). Para mi sorpresa, aquí luce casi tanto el sol como en Gijón, por no decir que para mí el clima que está llegando es perfecto: sol en su justa medida y temperaturas suaves. En pocas semanas el cambio ha sido bastante fuerte. Es por eso que gran parte de la gente que conozco, incluido yo, sufrimos el cambio de las temperaturas con horrorosas e interminables gripes que afortunadamente ya se fueron. De la noche a la mañana, el río helado, las abundantes capas de nieve cubriendo las aceras... todo se fue. De este modo y pasada la fea etapa del deshielo, todo luce diferente... basicamente estoy descubriendo una nueva Riga. Pensé que todo era más idílico cubierto de blanco, sin embargo el tiempo no me ha dado la razón. Riga luce muchísimo mejor sin nieve... y especialmente ahora que el verde de los árboles y la hierba empieza a brotar. Los parques empiezan a tomar consistencia y los letones están empezando a plantar flores por doquier. La tradición de las flores en los países bálticos, además de ser una costumbre muy vistosa, es algo que sorprende al viajero. Cada día surgen más y más puestos ambulantes de rosas y amapolas, a parte de los souvenirs (a precio  de escándalo a mi entender). También los letones trabajan duramente para preparar las terrazas de verano. En cuestión de días todo se ha llenado de preciosas terrazas en las cafeterías del casco histórico. También parecen estar remodelando y demoliendo algunos edificios viejos, con lo cual entiendo que ante la crisis el gobierno apuesta fuerte por el turismo como vía de escape. Las mismas frías calles que en Enero estaban prácticamente vacías son ahora recorridas por cientos de turistas (o letones que se animan a salir más).

Para el que no lo crea: el sol en Letonia (como decimos en Asturias) también “pica”. Por el día hemos llegado a los 17 grados, mientras que por la noche se pueden alcanzar sin problemas los cero o números negativos. De momento no se puede dejar la cazadora en casa, especialmente si vas a estar mucho tiempo fuera, pues en el momento que el sol se va la bajada es repentina.

En mi aun escasa experiencia viajera por Letonia he podido observar que fuera de Riga las ciudades son radicalmente diferentes. Concretamente puedo hablar de Jurmala, Jelgava y Sigulda. Jurmala es la ciudad de verano letona por excelencia como ya comenté en alguna publicación anterior (en cualquier caso, llegado el verano me podré extender más hablando sobre cómo es la playa aquí). Por otra parte Jelgava es una ciudad prácticamente residencial, destruida y posteriormente reconstruida en tiempos de postguerra. Aparentemente no ofrece nada al viajero, aunque pueden visitarse tres Iglesias vistosas, en especial una de ellas que recuerda al estilo ruso con sus cúpulas redondeadas (imagino que ortodoxa). Hasta el momento las iglesias ortodoxas que he visitado son para mi gusto las más bonitas de todas. Las iglesias católicas en Letonia no parecen tener muchos lujos en su interior; según tengo entendido se produjeron grandes robos en tiempos pasados en los cuales las iglesias fueron despojadas de toda ostentidad (situación muy diferente a España o Italia, donde hasta los rodapiés están hechos de oro). 

Más allá de los templos religiosos, Jelgava es vivienda y algún supermercado aislado, nada más... Resulta sorprendente que una de las ciudades principales del país carezca de tiendas, y en general, ofrezca tan poca posibilidad de ocio. Por el lado positivo, ciudad bien tranquila que puedes visitar de noche sin la menor sensación de peligro (o al menos yo no la tuve). También puedes encontrar precios muy baratos, gente más amable, menor uso del inglés, y pasteles ricos (¡en la gasolinera!). Siempre es un placer conocer lugares no turísticos.

La tercera ciudad que he visitado en Letonia es Sigulda. Especialmente famosa en invierno por su estación de esquí, ahora en primavera es un lugar básicamente de retiro y ocio sano. Sigulda es un bonito “pueblo” con casas muy separadas, amplios jardines y extensos parques donde la gente hace mucho deporte, sobre todo ciclismo. En esta villa se encuentra el Parque Nacional de Gauja, la reserva más famosa del país. Desafortunadamente en domingo me encontré con todo cerrado. A cambio, pude visitar alguna Iglesia, el castillo y tambien montar en teleférico. La imagen más curiosa: 17 grados, sol y aun restos de nieve (¡el clima letón está chiflado!). Espero volver entrado el verano, pues por lo que ví se ofrecen deportes de riesgo (en diferentes niveles), trepando, pedaleando y saltando entre el bosque... "Interesants!" 

Cambiando de tercio, debo decir que ya me gané el título definitivo de “fisher man” (el hombre del pescado). Para el que no lo sepa, la historia es que cada vez que preparo pescado en el hostel se produce una catástrofe. Todo empezó hace un par de meses cuando tras mantener en el frigorífico pescado en conserva por más de tres semanas me dió por freirlo en la sartén (¡ya sé que no se fríe, pero a mi me gusta así!). La cuestión es que en pocos segundos el fedor que empezó a salir de la sartén fue tal que solo pensé en abrir la ventana lo más rápido posible y tirar el pescado sin que nadie se enterase. Demasiado tarde... la “peste” fue tal que transpasó las puertas de la cocina y toda la gente que estaba sentada en la zona comunitaria empezó a volverse loca. Habría algo así como 20 personas... pero cinco minutos después solo eran cuatro. En la cocina no había ser humano que parase entre el aroma del pescado y los menos no se cuantos grados que entraban por la ventana... Mientras, yo en la cocina aguantando por no reconocer que el culpable de tal catástrofe natural era el “spaniard”... Sin embargo todo esfuerzo fue en vano. Me gané el título de peor chef, y aún más porque la siguiente vez que cociné pescado de nuevo ocurrió algo parecido. La segunda vez había comprado pescado fresco en el mercado (la pieza más barata) y así pues, el resultado de nuevo fue el que fue. Que si un día vamos a LIDO a cenar, que si te invito a curry, que si come con nosotros... ¡Oh no, el truchote lleva tres días en la nevera!. Cuando me puse a hacerlo al horno de nuevo la misma historia... Fracaso de nuevo. La tercera vez la historia fue distinta. Yo y Misha (alemán) compramos en el mercado dos pescados (no me pregunteis qué tipo), pero esta vez vivos. Es una barbaridad, lo sé. Nunca he visto vender el pescado vivo en España. Aquí lo tienen coleando en la lonja a veces con agua o sin ella. Pues bien, poco más de un euro por dos buenos ejemplares y cocinados el mismo día, esta vez creí no podía fallar.... Y así fue, no falló, pero el espectáculo de matar el pescado fue digno de película. Diez personas en la cocina para matar los malditos pescados. Nos liamos a “mamporrazos”, cortamos las cabezas... aquello parecía una auténtica carnicería. Y bien, dos horas de preparación para comer cuatro bocados... Como diría el famoso Levan: “total bullshit!”.

Y hablando de “bullshit”... No debo olvidar mi visita a Finlandia la pasada Semana Santa (sí, ya se que voy con retraso). Un consejo: ¡no vayais a Helsinki! Creo que es con diferencia la capital más fea que he visto. A riesgo de que alguien me crucifique, mi opinión es que después de gastar mis cinco preciados días de vacaciones allí no había absolutamente nada interesante que hacer. Evidentemente cada día soy más consciente de lo que influyen las condiciones humanas y medioambientales a la hora de juzgar una ciudad. Cierto es que recaí de mi gripe en Helsinki, que hacía un frío horrible, que no paró de llover, que la nieve estaba toda sucia y deshaciéndose, que en los cinco días no ví el sol ni en la TV... Pero ir a la oficina de turismo y que te recomienden como actividad “ir al cine” no dice mucho a su favor. Creo que el único edificio bonito que ví es la catedral (y bonito por fuera, todo sea dicho). Eso, lo sonrientes que son las dependientas en las tiendas (por imposición) y los cepillos de tres cabezas para limpiar las botas, son algunas de las pocas experiencias positivas que me llevo de la ciudad. Vale, ¡no seré injusto!... También me gustó el barco hacía la isla de Suomelinna rompiendo el hielo a su paso (y lleno de españoles), el afable acento finés, las finesas bañándose en un jacuzzi en la calle, el transporte y los conejos que repartían gratis chocolatinas y bio-bífidus activo... Mmmm haciendo un esfuerzo, también el edificio del parlamento tenía su encanto, además de la famosa escultura del órgano de hierro (en el cual introduje la cabeza). Y bien, fuera de eso poco más: ciudad sorprendentemente descuidada, edificios sucios, ni arquitectura antigua ni moderna: un absoluto sin sabor. Por ser Semana Santa también muchos edificios públicos estaban cerrados. Por otro lado cabe mencionar los precios: ¡se te cae el ojito! A la checa y a mí nos dió un ataque de risa tremendo cuando preguntamos el precio por una exposición de coches, creo que con esto y los conejos el viaje quedó algo más compensado. (Que conste que la propia vendedora de tickets también se rió). El polaco se pasó regateando souvenirs todo el viaje...

Mención aparte tiene el precio del alcohol en Finlandia: ¡hasta 40 euros por un litro de vodka!, 56 por el champán... El alcohol en Helsinki no se vende en los establecimientos normales, solo hay una cadena que tiene permiso para hacerlo. El gobierno finés no quiere que sus compatriotas se la pasen bebiendo durante los largos y grises inviernos, por eso aplica tasas de lujo para un producto que aun así sigue siendo de gran consumo en el país. El tema del alcoholismo en Finlandia no es algo banal. Los  finlandeses reconocen que el otoño es especialmente depresivo, de hecho Finlandia tiene una alta tasa de suicidios. La propia chica finesa que amablemente nos invitó a mí y a diez personas a su casa de verano en las afueras de Helsinki, reconoció que en invierno a veces es reconfortante ver nieve, pues el blanco resplandor proporciona luz en los largos días grises y oscuros...

Cambiando de tema hacia aspectos “positivos” del país, hablaré del sistema económico. Los impuestos en Finlandia son bestiales. Si vives en Finlandia tendrás un sueldo de lujo, pero el gobierno de turno vendrá cada mes a retenerte entre un 40% o 60% en función de lo rico que seas. Es decir, si ganas más te quitará más... Conclusión: en Finlandia no existen ricos ni pobres, solo clase media. ¿Justo? Supongo que más justo que la situación letona sí debe ser. En Letonia el sistema económico es el siguiente: en los gabinetes del gobierno los sueldos son de 5000 lats, existe corrupción, muchas empresas no pagan tasas, hay montones de coches de lujo por el centro que te quitan el sentido, el paro está por las nubes, hay gente pidiendo por las calles en cada esquina del centro, las jubilaciones son de 150 lats/mes, sanidad privada, jornadas que se extienden mucho más allá de las 8 horas... Con esto quiero decir que en cierto modo todos podríamos aprender un poco de Finlandia, aunque no deje de sorprender que ni la propia residencia presidencial luzca mejor que el chalet de Belén Esteban. ¿En qué se gasta el gobierno finés el dinero? Quizá en educación, transporte... Un ejemplo a seguir, pero... ¡fineses, arreglad esos edificios!

PD. En proximas publicaciones hablaré del cumpleaños de Levan (con striptease de enfermera rusa incluído, postearé video aún con temor de que me lo censuren), visita a Tallín (Estonia) y la posible visita el próximo fin de semana a la prisión de Karosta (viviendo la experiencia como un preso).

Hasta entonces... Y en espera de más noticias bálticas jugosas, ¡me despido hasta la próxima!.

VISU LABU !!!

1 comentario:

ALEJANDRO dijo...

Y esa foto?? 17 grados??? Alaaaaa...no me lo creo,eso está manipulado telemáticamente!!! No sé, no sé...esos cambios tan bruscos de temperatura no hay celulilla que no sufra tito...
He de reconocer que cada vez que leía "al viajero...", me venía a la cabeza esas divertidas Cartas de Jovellanos jeejje ya lo estoy viendo..."Cartas del viaje a Letonia", Roberto Fernández jeejej.
No olvides hacerte un tatoo carcelario ejejej.
Sigue disfrutando loko!!! Me voy con el ritmo musical letón a la cama!!!

Hasta otra fisher-man!!!!

PD Traeme una muestra de ese paraíso microbiológico que creaste!!! jejeje ^_~